sábado, 19 de abril de 2008

CLASE DE DERECHO CLASICO

Tesis de Peirce sobre el signo
Las nociones clave son las de objeto e interpretante. El primero corresponde a un
referente ambiental o social, cosa o hecho que se da en el mundo y que puede ser percibida por un organismo, animal o humano, o puede ser pensada por él. El segundo constituye una contribución fundamental de Peirce, y está ligado a la máxima pragmática.
En la práctica, y particularmente en la
semiótica de la comunicación, el interpretante puede verse como el efecto o consecuencia del signo, es decir, de la acción o emisión comunicativa, lo que equivale a centrarlo en un cambio o respuesta mental que, para el observador humano, se manifestará como cambio o respuesta conductual. Así, en la esgrima el interpretante de una estocada a fondo sería la parada del contrincante.
El triángulo semiótico arriba mencionado se descompone en dos vertientes de
significado: en el componente semántico-referencial (cuando el representamen remite a su objeto) y en el componente pragmático-funcional (cuando el representamen remite al interpretante).
Si este triángulo se proyecta sobre una secuencia de interacciones entre dos individuos (como un
diálogo), se transformará en una tríada lineal en la que los elementos del signo se suceden en el tiempo (objeto - representamen - interpretante) y donde, por consiguiente, el objeto se puede tomar como un contexto antecedente del representamen, mientras que el interpretante nos puede servir como contexto consecuente del mismo. En resumen, la superposición de estas tríadas a una cadena de interacciones nos dará las claves del significado, a partir de sus antecedentes (significado referencial) y de sus consecuentes (significado funcional). En este sentido, el esquema peirceano puede verse como núcleo bien de una semiótica, bien de una lógica de la acción concebible o efectiva.
Para Peirce, la extensión del
signo es ilimitada (un libro entero es para él un signo). Es fundamental, además, su idea de que un signo puede ser empleado para mentir, lo que implica que no debe ser explicado necesariamente por medio de una referencia a la cosa, al objeto a que corresponde. Para explicarlo, habrá que recurrir entonces a otro signo, a otro interpretante que, a su vez, se convierte en un signo que pide otro interpretante, y así sucesivamente. La relación de todo signo con otro signo cualquiera constituye para Peirce el proceso de semiosis ilimitada.
La diferencia entre estas tres variedades de
signos es solo una diferencia de lugar dentro de una jerarquía muy relativa. Es una división que no se basa en la presencia o ausencia absolutas de similitud o contigüidad entre el significante y significado, ni en el hecho de que la conexión habitual entre estos constituyentes pertenezcan al orden de lo real o al orden de lo establecido; se debe simplemente al predominio de uno de esos factores sobre los demás.
En resumen, las tesis de Peirce sobre el
signo son las siguientes:
1. Toda
representación puede ser el vehículo o el soporte del representamen de una relación semiológica, llamada signo.
2. La relación semiológica, o
signo propiamente dicho, debe ser triádica: ha de tener un representamen, un objeto y un interpretante.
3. La significación del
signo es la de su objeto.
4. El representamen es un
icono cuando representa a su objeto, un indicio cuando además remite a otro objeto, un símbolo cuando además enuncia la ley de aplicación del representamen a su objeto.
5. El interpretante es un
signo - no el significante, ni la significación, ni el objeto del signo - que para significar requiere, a su vez, un signo interpretante o una regla o ley de interpretación, un hábito, el interpretante final.

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